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martes, 8 de mayo de 2012

De una antigua leyenda de la India


Hace algún tiempo, no recuerdo cómo, acabó en mis manos este texto perteneciente en teoría a una antigua leyenda de la India. Por la razón que tiene y porque sinceramente admiro a las mujeres -no, no lo digo para que me leáis, chicas- lo quiero colgar aquí. Si te apetece luego lo comentamos.


De una antigua leyenda de la India 

Cuando hubo terminado de crear al hombre, el Creador se dio cuenta de que había empleado todos los elementos concretos con que contaba. No le quedaba nada sólido, compacto o duro para su obra de crear a la mujer.

Después de meditar durante largo tiempo, el Creador tomó la esfericidad de la luna, la flexibilidad de una planta trepadora, y el temblor de la hierba, la esbeltez de un junco y la belleza de las flores, la ligereza de las hojas y la serenidad de los rayos del sol, las lágrimas de las nubes y la inestabilidad del viento, la timidez del conejo y la vanidad del pavo real, la suavidad del plumaje de un pajarillo y la dureza de un diamante, la dulzura de la miel y la crueldad del tigre, el ardor del fuego y el frío de la nieve, los parloteos de una urraca y el canto de un ruiseñor, la falsedad de una grulla y la fidelidad de una leona madre.

Combinando todos estos elementos no sólidos, el Creador hizo la mujer y se la entregó al hombre. Al poco, el hombre volvió y dijo:
"Señor, la criatura que me has dado me amarga la vida. Habla sin cesar, y me atormenta de tal manera que no tengo descanso. Insiste en que me ocupe de ella continuamente, y así pierdo largas horas. Llora por cualquier cosa, y lleva una vida de ocio. He venido a devolvértela."
El Creador dijo: "Está bien". Y se la llevó.

Una semana más tarde el hombre volvió a donde estaba el Creador, y le dijo:
"Señor, mi vida está tan vacía desde que te devolví esa criatura... Siempre pienso en ella; en cómo danzaba y cantaba, cómo me miraba de reojo, cómo me daba conversación, y se arrimaba a mí... ¡cómo me agradaba escuchar su risa! Por favor, devuélvemela."
El Creador dijo: "Está bien". Y se la devolvió.
Pero tres días más tarde regresó el hombre y le dijo:
"Señor, no sé como explicarlo, pero después de todas mis experiencias con esta criatura, he llegado a la conclusión de que me causa más dificultades que placeres. Te ruego que de nuevo te la lleves. No puedo vivir con ella."
El Creador le dijo: "Tampoco puedes vivir sin ella." Y dándole la espalda al hombre continuó su obra.
El hombre, desesperado se preguntó: "¿Qué haré? ¡No puedo vivir con ella y no puedo vivir sin ella!."

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