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miércoles, 21 de noviembre de 2012

Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi


Sostiene Pereira que el libro le llegó a través de su proveedora habitual, que le gustaba mucho ese libro, que era corto, diferente a los que él solía leer, pero que te gustará dijo, sostiene Pereira. No es que Pereira no tuviera cosas mucho más interesantes que hacer, Introducción al Análisis de Circuitos no se estudia en un día, en dos días, en tres, los laboratorios consumen mucho tiempo, hay que hacer deporte, no hay que descuidar las amistades, los blogs no es escriben solos, sostiene.

Sin embargo, sostiene Pereira, el trayecto casa-universidad, universidad-casa puede dar mucho de sí, si uno se organiza bien, no se queda mirando a través de la ventanilla del bus, encuentra un sitio cómodo en la marabunta del transporte público matinal, sabe leer en zarandeo continuo. Sostiene Pereira que así lo hizo, y no se arrepiente.


Espero que este primer párrafo te haya desconcertado por lo menos un poco, pues ese era mi objetivo. No por casualidad está escrito así, en aparente -y no tan aparente- desorden. ¿Por qué? Bueno, quiero hablarte de (por si no ha quedado claro) Sostiene Pereira, obra del autor italiano Antonio Tabucchi. Un libro cortito y al pie, de escasas 180 páginas que se lee del tirón y que cuenta con un estilo cuanto menos peculiar. Un estilo parecido al del párrafo que abre esta entrada (gritos al unísono de ¡Ahhhh! ¡Ya veo! y ¡Comprendo! después de entender las motivaciones del caos del primer párrafo).

Eso sí, puedo asegurarte que el libro está mucho mejor escrito que mi amago de vulneración de los derechos de autor. ¿Pero de qué va Sostiene Pereira? ¿De veras está escrito así? ¿Con qué objeto? Y lo más importante, si Pereira sostiene, ¿quién sostiene a Pereira? Trataré de responder a estas absurdas preguntas.

El libro gira alrededor de Pereira, un periodista obeso y cuarentón (y aficionado a la tortilla a las finas hierbas y a la limonada) que se dedica a la crónica de sucesos de un periódico llamado Lisboa. Hasta que un buen día le encargan la dirección de la página cultural del mismo. Católico y portugués es nuestro Pereira, concretamente en 1938, en plena dictadura de Salazar, con la Guerra Civil española a un tiro de piedra. Con la ola de los totalitarismos recorriendo Europa a pasos agigantados: nazismo, fascismo, comunismo, todos a una amagando con una guerra mundial. Una época difícil la de "el amigo Pereira".

En este contexto acaba planteando la novela si es moral mantenerse neutral y vivir al margen en una época así, engullirse dentro de uno mismo y dedicarse a la contemplación de los propios problemas. Poco a poco vamos viendo cómo reacciona Pereira ante esta disquisición moral, y a raíz de la relación que entabla con Monteiro Rossi (un joven idealista al que contrata para que le haga necrológicas anticipadas de algunos escritores, a ser posible católicos y franceses) Pereira "sufre" una transformación profunda, una maduración personal que le hace crecer y tomar conciencia de su pasado. Un pasado en el que fue feliz, que añora, pero que pasó para siempre, valga la redundancia. Y es que Pereira perdió a su mujer demasiado pronto. No voy a revelar más detalles de la historia, sólo quiero resaltar el cambio que se va dando en el protagonista a medida que vamos avanzando en la trama.

El estilo del libro es, como ya he comentado, muy particular. Al principio es atropellado, a veces no entendemos quién está diciendo qué; pero conforme nos vamos habituando empezamos a cogerle el gustillo a la manera de narrar de Tabucchi. De hecho esa es una de las virtudes del libro, que no cansa gracias a su ritmo frenético (en el estilo, que no siempre en la acción) y a la fina ironía rebosante que provoca más de una sonrisa. Personalmente, no podía dejar de leer porque cada vez quería más, cada vez me sentía más unido a Pereira y sentía más curiosidad por saber cómo iba a acabar todo. Es una pena que sea tan corto, aunque quizás si tuviera más volumen perdería su encanto.

¡Qué más decir sin spoilearte contarte de más! No sé, acabo sólo diciéndote que es uno de esos libros que merecen la pena. Una pequeña joya literaria. De los que te da pena que terminen y te dejan con ganas de saber más. Quizás, cuando llegues al final te des cuenta de que -como Pereira- tú también has cambiado (y ahora te gusta la tortilla a las finas hierbas).





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