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miércoles, 12 de diciembre de 2012

Cosas que nunca ocurrirían en Tokio (Alberto Torres Blandina)


Querido lector, creo que deberías hacerle tú también un monumento a Irene Adler, mi proveedora habitual de libros e instigadora de esta sección (recién bautizada Literalia). Aunque no le guste ser mentada por su nombre real, pongo en conocimiento tuyo mi agradecimiento hacia su persona por su inapreciable labor a la hora de proporcionarme cantidades de libros ingentes. Libros que merecen la pena, además.

El de esta entrada se titula Cosas que nunca ocurrirían en Tokio, es de Alberto Torres Blandina y con sinceridad, poco tiene que ver con Tokio.



¿Que de qué va? Así con pocas palabras trata de Salvador Fuensanta, un empleado de limpieza de un aeropuerto que está a punto de jubilarse. Pues menudo gancho tiene la historia, has empezado cojonudo bien, puedes pensar. Pero pensarías equivocadamente, porque quizás no te has parado a considerar que nuestro narrador -porque ese es el papel de Salvador- lleva más de veinte años trabajando en un sitio por el que circulan millones de personas desconocidas cada año. ¿Que qué supone todo esto? Una reserva inagotable de historias, por supuesto.

De modo que el libro es una sucesión de historias entrelazadas contadas por nuestro simpático y hablador empleado de la limpieza. Todas estas narraciones cuentan con un ritmo que engancha y te invita a proseguir con su lectura donde quiera que estés. Un artista que se inventa un poeta finlandés para hacerse famoso, una chica que padece amnesia tras un accidente aéreo, un par de compañeros de trabajo que se acaban enamorando el uno del otro en otra persona...

En la mayoría de los casos son historias que pueden resultar familiares pero a la vez sorprendentes; cuando las lees no sabes hasta qué punto pertenecen a la realidad o a la ficción. Y eso es lo mejor de un libro por lo demás corto -apenas 160 páginas-: su capacidad para absorberte y atraparte desde el primer minuto. Su facultad de hacerte partícipe de la historia por haber vivido aspectos de la misma. Si a eso le sumas un final incierto tenemos un cóctel perfecto para ti, querido y ávido lector. Este por lo menos no decepciona.


P.D: he decidido publicar esto el día 12 del 12 de 2012 a las 12:12 porque soy guay. Punto.


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