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sábado, 7 de septiembre de 2013

Sobresaliente en injusticia


Aunque en Un secreto gigantesco no haya sección de "cartas al director" no puedo más que compartir y difundir la siguiente carta. No lo hago porque esté escrita por una buena amiga como es @irene_orsapa, ni porque ella sea una habitual lectora del blog, ni siquiera porque me haya sobornado con un McFlurry -que no estaría mal-.

Lo hago porque lo que denuncia es una injusticia, porque si ella no es excelente no sé quien puede serlo, porque tiene todo el derecho a quejarse, porque se están haciendo muchas cosas mal en este país y porque comparto completamente su indignación. De la política a los hechos hay un buen trecho: esto es sobresaliente en injusticia.



Sobresaliente en injusticia, por Irene Ortiz
Una de las expresiones más utilizadas últimamente al hablar de educación es la “búsqueda de la excelencia”. Esfuerzo y trabajo duro para intentar lograr el máximo rendimiento académico. Concretamente, “aprovechamiento académico excelente”, como reza la convocatoria de las Becas de Excelencia de la Comunidad de Madrid para este curso 2013/2014. 
Así que aquí estoy, decidida a enviar mi solicitud para estas becas, tras obtener una media de 8.94 en el segundo curso de mis estudios de ingeniería en la Universidad Politécnica de Madrid – la mínima nota exigida en estudios relacionados con ingeniería es un 8-. Imaginen mi cara de sorpresa al ver que, tras rellenar todo el formulario, no puedo continuar con el proceso por no haber sido beneficiaria de la beca en mi año de ingreso a la universidad. Error informático, seguro. Intentémoslo otra vez. Pero no, la triste realidad es que la Comunidad de Madrid ha decidido incluir este año un punto más en el Artículo 8 de la convocatoria, restringiendo la concesión de becas. Además, no crean ustedes que lo han anunciado a bombo y platillo, por supuesto que no. En el resumen que aparece en la página web de las Becas de Excelencia ni se menciona, sino que hay que sumergirse en la convocatoria del BOCM para encontrarlo. 
Esto me lleva a plantearme el uso demagógico que se está dando a la palabra ‘excelencia’, reflejado en la convocatoria de unas becas cuyo único criterio de concesión deberían ser los resultados académicos del curso previo. Por lo visto, la excelencia debe ser algún tipo de aura que alumnos en mi situación no poseemos. ¿Acaso no se puede haber hecho una prueba de selectividad simplemente buena y ahora tener un excelente rendimiento universitario? ¿Dónde está la valoración de mi esfuerzo y trabajo duro a lo largo de este año? Con la inclusión de nuevos criterios como éste, arbitrarios e injustos, e incorporados casi como “letra pequeña” sólo puedo sentirme engañada. Atrapada en un sistema que abusa de las grandes palabras porque quedan muy bien en los discursos, pero que a la hora de la verdad no sabe lo que significan. 
Hace algunas semanas, reflexionaba en voz alta con mi familia sobre qué debía pensar el Gobierno de este país sobre el triste hecho de que estuviera invirtiendo en formar a excelentes profesionales que casi con total seguridad acabarían ejerciendo en el extranjero. La clásica “fuga de cerebros”. Pero no se preocupen, ahora sé la respuesta: no les importa en absoluto.


P.D: por si acaso hay algún avispado que dude de su excelencia: Irene ha sacado 11 matrículas de honor y 8 sobresalientes en los dos primeros años de ingeniería de telecomunicaciones. Casi ná.

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