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lunes, 8 de junio de 2015

Una crónica a la evasión carcelaria en el cine



Ya desde la célebre novela de Dumas El conde de Montecristo hasta la más reciente de Stephen King Rita Hayworth y la redención de Shawshank, la literatura ha explotado el género de la evasión carcelaria con más o menos acierto. Sin embargo, es difícil para el lector curtido en mil batallas pensar en algún libro, más allá de los mencionados, que tenga como eje los intentos de fugarse de un prisionero. La aparición del cine en el siglo XX propició un mayor acercamiento a un subgénero que ha reportado algunas de las mejores escenas de la historia del séptimo arte. Series como Prison Break o películas como Cadena perpetua (basada en el libro de Stephen King ya mencionado) o Fuga de alcatraz forman parte de la cultura cinéfila de un alto porcentaje del imaginario colectivo, si bien habría que remontarse al cine francés de los años 60 para encontrar dos de las primeras muestras de drama carcelario que, por qué no, probablemente superen a las mencionadas. Hablamos, cómo no, de Un condenado a muerte se ha escapado" (1956) de Robert Bresson y La evasión (1960) de Jacques Becker (Le Trou en francés).




Le trou vs Un condenado a muerte se ha escapado


Lyon, 1943. Nos encontramos en la Francia ocupada durante la Segunda Guerra Mundial y el teniente Fontaine, perteneciente a la Resistencia, ha sido capturado, encerrado solo en una celda y condenado a muerte. 1947, prisión francesa de la Santé. Un joven llamado Gaspard Claude es encarcelado por el intento de asesinato de su mujer y asignado a una celda con cuatro reclusos que actúan de una forma un tanto extraña. Tales son los argumentos de Un condenado a muerte se ha escapado La evasión, respectivamente.


Lo primero que hay que reseñar es que ambas películas están basadas en hechos reales. Ya en la primera escena de "Un condenado..." Bresson declara que va a relatar una historia real sin ornamentos. Por su parte, y también en la primera escena, Jean Keraudy, actor que da vida a Roland, uno de los reclusos en La evasión, se dirige directamente al espectador mirando a cámara y señalando que Becker va a contar una historia verídica, la suya. Y no es broma, pues el mismo actor vivió los hechos que se describen en la película.

En fondo y forma


“Construye tu película sobre el blanco, el silencio y la inmovilidad” 
Robert Bresson, Notas sobre el Cinematógrafo, 1975.

No por casualidad las dos películas empiezan dejando constancia de estar basadas en hechos reales, pues esto las dota de una mayor verosimilitud y permite al espectador empatizar más con lo que está viendo. En este sentido, el interés de Bresson con "Un condenado..." se encuentra en ofrecer una visión de esa realidad del prisionero que quiere fugarse desprovista de cualquier artificio, de cualquier juicio o emoción. Por ello, entre otras cosas, el actor que encarna a Fontaine nos parece frío y inexpresivo, porque Bresson busca una austeridad visual y narrativa que haga sentir al espectador que la realidad que está viendo es tal cual, puramente "real". Y por eso también la película se centra totalmente en la figura de Fontaine, en mostrarnos cuidadosamente cómo va preparando su plan de fuga, en sus pensamientos a través de esa voz en off, en su ansia de libertad no expresada con palabras, en no enseñarnos ningún elemento ajeno a lo que está viviendo o fuera de su plano (esa es la razón de que no se vea nunca enteros a los carceleros, o que en muchas escenas solo podamos averiguar lo que está ocurriendo a través de sonidos).

Esta soledad del personaje en "Un condenado...", que parece casi completa hasta bien entrada la película, contrasta con la atmósfera que se respira en Le trou. Becker, en vez de reflejar la soledad del preso condenado a muerte con tanta trascendencia filosófica, parece más interesado en la camaradería y en la amistad que termina dándose entre unos personajes duros y vinculados al crimen y a la ilegalidad. Esto es normal que sea así, pues en Le trou los presos no se encuentran esperando a la horca como el amigo Fontaine. Sin embargo, Becker consigue extraer de lo peor de la sociedad un código de honor moral, una nobleza que inspira al espectador.

Ahondando en este hecho, es curioso precisamente cómo tanto Bresson como Becker logran que queramos que los prisioneros escapen y recuperen su libertad, sin importar las razones que les han llevado a ingresar en prisión. Esto en el caso de Fontaine puede ser normal ya que es prisionero de los nazis, pero resulta llamativo ser conscientes de sentirnos así en el caso de Roland y compañía.



Por otro lado, sorprende cómo las dos películas son capaces de absorber al espectador mostrándole planos larguísimos donde por ejemplo Roland y su compañero Manu exploran los túneles o abren un orificio en la pared para esquivar un enorme tapón de cemento en las alcantarillas. Todos estos procesos se nos presentan sin rodeos y de una forma casi hipnótica, de tal modo que no podemos más que desear meternos en la película y echarles una mano para que acaben rápido y se fuguen antes de que les descubran. Y esa sensación de peligro inminente, de que en cualquier momento todos sus esfuerzos pueden irse al traste, aparece por igual en ambos filmes y nos crea una angustia deliciosa (no hay más que pensar en la escena de "Un condenado..." en la que Fontaine ya está en plena fuga y tiene que matar al guardia que hace la ronda pero no encuentra el momento adecuado).

Para terminar este apartado quería destacar de Le trou el recurso del espejo introducido en la mirilla de la puerta para vigilar el pasillo, y que tanta importancia tiene en la película. Aún se me hace difícil imaginar cómo se grabarían esas escenas en 1960.

Los finales


[Ojo spoilers] El final es probablemente -pero tan solo en apariencia- la mayor diferencia que hay entre las dos películas. En una la fuga tiene éxito -sencillo de averiguar cuál por el título- y en la otra no. Sin embargo, profundizando un poco y en la línea de lo que he comentado anteriormente, en ambas películas vence la justicia en sentido estricto. Tiene éxito en su fuga el que ha sido apresado por luchar contra el mal personificado en los nazis, fracasan en su fuga aquellos que fueron encarcelados por incumplir la ley dañando al prójimo.

Gana en ambas por tanto la moral, a pesar de que la empatía que desarrollamos por los condenados en Le trou haga difícil quedarse con buen sabor de boca. Sin embargo, este regusto amargo lo provoca precisamente que, aunque gana la moral universal, pierde la moral "particular", pierde la amistad que han desarrollado los presos entre ellos. La traición personificada en el personaje de Gaspard y la mirada que Roland le lanza una vez le han capturado, ese "Pobre Gaspard" antes de apartarle definitivamente el rostro, nos hace desear un final alternativo en el que el honor y la amistad pervivan por encima de los intereses del individuo, de su egoísmo. Preferiríamos sin duda un final en el que los presos fueran descubiertos en mitad de la huida antes que la traición, pero a la vez no podemos más que pensar que en el caso de Gaspard probablemente habríamos hecho lo mismo. Y que el espectador caiga y no encuentre una respuesta correcta para este dilema moral es un triunfo de Becker y, en definitiva, un triunfo del cine.

Conclusión


Tanto La evasión como Un condenado ha muerte se ha escapado son dos películas grandiosas que dejan al subgénero de la evasión carcelaria en muy buen lugar. Además, ambas sirven estupendamente como introducción a ese cine ajeno a la manipulación del espectador y con sus diferencias y semejanzas merecen un mayor conocimiento por parte del público general. Dos películas que te hacen amar el cine.




Cine moderno vs cine posmoderno. Le trou vs Cadena perpetua


Conocidos ya dos de los referentes del subgénero carcelario merece la pena tratar de dilucidar las diferencias entre estos y una película posmoderna como Cadena perpetua (1994). Quizás encontremos así varias claves sobre la evolución del cine desde los 60 que seguro podrán extrapolarse a la evolución que ha sufrido la sociedad en el mismo periodo de tiempo. Dirigida por Frank Darabont y basada en un libro de Stephen King, Cadena Perpetua trata sobre la estancia en prisión de Andy Dufresne, condenado a cadena perpetua por asesinar a su mujer y a su amante.

“Empeñarse en vivir, o empeñarse en morir, es la pura verdad. Por primera vez en mi vida soy culpable de cometer un delito, violar la condicional, aunque dudo mucho que vayan a buscarme, ¿quién va a echar de menos a un viejo salido de la cárcel?. Me doy cuenta de que estoy tan emocionado que apenas puedo estar quieto ni pensar claramente. Imagino que esta es la clase de emoción que solo puede sentir un hombre libre. Espero cruzar la frontera, espero ver a mi amigo y darle un abrazo, y que el Océano Pacífico sea tan azul como siempre he soñado. Y espero nunca más perder la esperanza.”

Las comparaciones son odiosas y no van a serlo menos al comparar Cadena perpetua y una película como Le trou. Cine americano-hollywoodiense postmoderno vs cine francés moderno, lo que llamaría la atención es no encontrar ninguna diferencia en su composición. Eso sí, en mi opinión las dos películas son muy muy buenas.

Si Un condenado a muerte se ha escapado destacaba por su ausencia de artificios que influyan en la percepción del espectador, Cadena perpetua resulta todo lo contrario. Música no diegética en los momentos clave, distorsión temporal (necesaria por otra parte para lo que quiere Darabont), voz en off de Red (compañero de Andy) que nos narra toda la historia... Todo ello con el objeto de que al espectador le llegue claramente el mensaje que el director quiere transmitir, de tal manera que este se vale más de la voz en off de Red que de la pura composición de los planos. El abuso desde una perspectiva bressoniana de la voz en off choca precisamente con "Un condenado...", donde a Fontaine le escuchamos lo imprescindible. Sin embargo, para ser justos hay que decir que la escena de Cadena perpetua de Andy y el tocadiscos (música, ahí sí, diegética) habla por sí sola sin necesidad de nada más.



[Ojo spoilers] La razón de todo esto está en la construcción de la película. Sabemos que Fontaine o Roland ansían escaparse por la composición de los planos, porque la propia película nos lo va mostrando; sin embargo sabemos que Andy quiere escaparse prácticamente cuando ya lo ha hecho. No se nos muestra el proceso de fuga, Cadena perpetua se interesa más en mostrar quién es Andy y lo bueno que es. ¿Es Cadena perpetua una película en la que los buenos son muy buenos y los malos son muy malos? Sin duda. Es muy sencillo empatizar con Andy en contra del alcaide, y lo es mucho más cuando descubrimos que es inocente. Juega Darabont en ese momento con el espectador y nos hace desear su libertad y que se haga justicia más que nada en el mundo, para justo crear un momento de clímax haciéndonos pensar que Andy ha podido suicidarse para a continuación narrarnos cómo llevaba veinte años planeando su fuga con éxito.

Al igual que Le trou, Cadena perpetua ahonda en las relaciones que se dan entre los presos y destaca la amistad como un valor muy importante que es capaz de hacer la vida en la cárcel un poco menos amarga. Es también un canto a la libertad con un nombre propio: Zihuatanejo.


Conclusión


Cadena perpetua es muy distinta a los referentes desconocidos de la evasión carcelaria en el cine como Le trou, quizás porque no es una película de evasión, sino de drama carcelario. Al haber sido rodada treinta años después y en Hollywood, cuenta con todos los edulcorantes del cine americano que, por qué no, en mi opinión acaba creando una película estupenda.





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