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lunes, 25 de abril de 2016

Estupideces de soñador

De puntillas. Así entró Josué en la habitación, cuidando de no hacer el más mínimo ruido. Cerró la puerta y echó un vistazo a su alrededor. Todo estaba como la semana pasada, limpio y ordenado. En un segundo alcanzó el tercer cajón de la cómoda y empezó a revolver en él por segunda vez, buscando ese cuaderno negro de tapa dura. Le impulsaba la curiosidad y, por qué no decirlo, las ganas de conocer más a su abuelo, que en ese momento dormía en su sillón con la película de John Wayne encendida.


Josué no podía entender que con tanto tiro no se despertara pero en ese momento no podía más que agradecer que se diera esa circunstancia. Abrió el cuaderno por una página al azar y encontró una fecha marcada en la esquina superior derecha: 16 de febrero de 201X. Emocionado, se sentó en el suelo cuidando de que la cama le tapara por si alguien abría la puerta, y empezó a leer:

Sorpresa. Llevo medio año sin escribir por aquí. Han pasado montones de cosas pero siempre he vivido demasiado deprisa como para pararme a evaluarlas. El paso ha sido estupendo pero escribo sobre esas cosas en otro sitio. Ahora quiero escribir sobre que conocí a una chica.

A Josué le recorrió un escalofrío. ¿Sería la abuela? Según lo que leyó el otro día bien podría no serlo, pero que el abuelo hubiera tachado la última cifra del año hacía difícil ordenar los sucesos en el tiempo. Y la carta del otro día bien podría haber sido anterior.

Sólo quiero que permanezca en mi memoria ese primer momento, poder capturarlo y retenerlo con palabras en la medida de lo posible. Detalles. La montaña, una silla y un rey. El descenso, el capitalismo, el derecho y el periodismo deportivo. Un balón, el postureo y un ex-entrenador del Real Madrid. Una sonrisa o dos. Una mala decisión al final del día que pudo solventarse. Dos semanas de tanteo. Tras lo cual llegamos a anteayer. Detalles. Me resulta difícil recordarlo todo aunque hayan pasado sólo dos días. No paramos de hablar, nos interrumpíamos, no llevábamos ningún orden, saltábamos de un tema a otro constantemente sin terminar al anterior. Me sorprendo pensando que es porque queríamos vaciarnos el uno en el otro y llevábamos demasiado tiempo esperando, aunque eso son estupideces de soñador. 

"Desde luego ahora mismo debe de estar en el séptimo sueño", pensó Josué con una ligera sonrisa.

El tiempo. Al final se nos agotó, pues resulta mucho más traicionero cuando necesitas alargarlo. Me gustaría recordarlo todo pero no puedo, y quizás sea mejor así. Ni puedo ni quiero decir que me he enamorado porque eso lleva su tiempo, pero no puedo negar lo que me gustaría buscar una sombra bajo sus pestañas apuntando al cielo de Madrid. Eh, espera, que se me asoma el lado cursi... Sí, su sonrisa, su cara de corazón al fruncir los labios, su forma de no encontrar las palabras y de pronto soltarlas como un torbellino... Ya paro, que tengo miedo. Porque al final, entre chocolate y tropezón la tuve entre mis brazos un segundo fugaz. Me zafé nervioso. "Es demasiado pronto", me dije luego en el metro casi orgulloso de mí mismo. Ha pasado mucho tiempo desde que... "Antes quiero ser su amigo", reiteró mi cabeza. Y mi corazón, que escribe estas líneas, respondió esperanzado: "Pero darías lo que fuera por estrecharla entre tus brazos aunque fuera un segundo más".

En ese momento se abrió la puerta y Josué se echó al suelo rodando debajo de la cama.


2 comentarios:

  1. Al final, las mejores aventuras son las mas sencillas, las de casa.
    Buena entrada!! =)

    ResponderEliminar

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