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viernes, 3 de marzo de 2017

El autobús del odio

"Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada".



Martín Niemöller es el autor de la frase que encabeza esta entrada. Era un pastor alemán -no, un perro no - que fue comandante de un submarino durante la I Guerra Mundial. En 1933 se hizo famoso por escribir un libro sobre su vida que fue de los más vendidos durante los primeros años de gobierno nazi. Niemöller de hecho celebró su llegada al poder, si bien no fue ningún caso aislado entre los pastores protestantes. 

Sin embargo, en 1934 Hitler trató de combinar a la fuerza todas las sectas protestantes en una sola "Iglesia del Reich" para que adoptaran una ideología más conforme a los nazis. Niemöller se negó, lo que dio lugar a varios años de fricciones en los que Niemöller, sin embargo, no se opuso a las medidas generadas contra los judíos y otros grupos. Es más, cuando Dietrich Bonhoeffer, un teólogo protestante de la misma iglesia, exhortó a los cristianos a ayudar a los judíos y a tomar medidas directas contra la persecución, Niemöller le contestó que la iglesia tenía que preocuparse de su propia seguridad antes de alzar la voz por otros.

Al final, nada de eso ayudó ni a Niemöller ni a su iglesia. En 1936, los nazis arrestaron a centenares de pastores, confiscaron las arcas de la iglesia y asesinaron a un pastor muy conocido. El 1 de julio de 1937, Niemöller - ex comandante de submarino, autor de libros superventas, famoso pastor de una parroquia adinerada y ex niño mimado de la prensa nazi - fue arrestado, pasando ocho años en cárceles y campos de concentración, de los cuales cuatro fueron en régimen de aislamiento.



A estas alturas y salvo que vivas en Poniente seguramente habrás oído hablar del denominado "autobús del odio". Me he pasado gran parte de la semana meditando si escribir sobre la polémica y sobre todo pensando en la forma de enfocar el tema. Tenía dudas básicamente por dos motivos: uno, por esa pereza que me acogota cada vez que sé que tengo que hacer algo y dos, por el qué dirán. Sí, querido lector, sería poco honesto si no reconociera la necesidad que tengo de la aprobación del otro, y escribir algo políticamente incorrecto - todo el espectro político se ha pronunciado en contra de la circulación del autobús - no es que me haga especial ilusión. Pero creo que hay que hacerlo y la historia de Niemöller me ha recordado por qué: la libertad no está garantizada, la libertad hay que defenderla. El precio del silencio puede ser demasiado alto.

"Gracias, porque al fin y el cabo esto es lo que se pretendía con el autobús, que la gente hablara y seguramente hay muchísima gente que me apoya, tanto que me apoya como que no, pero que muchas gracias a todos [...] Sí, claro, las críticas me parecen un poco antiguas pero eso es bueno, porque tiene que haber variedad y estoy encantado [...] Al fin y al cabo, es una representación de algo que está ahí, que mucha gente vive con eso día a día y al fin y al cabo estamos llevándolo a cabo escenográficamente hablando con un autobús lleno de color, y en absoluto fue, ni tenía pretensión de ofender a nadie ni muchísimo menos, simplemente algo con lo que la gente tenía ganas de ver, porque creo que es algo que la gente necesitaba este autobús y se ha hecho realidad, y yo creo que la gente lo ha aplaudido. Buscaba polémica y transgresión, mucha transgresión. Lo he conseguido. (A las personas que se han sentido ofendidas). No lo he hecho con ninguna mala intención, simplemente ha sido algo que me ha salido del corazón y que me perdonen, espero que no se hayan sentido mal. [...] Hay que abrir un poco la mente, exactamente, estamos en el siglo XXI, la libertad de expresión es algo fundamental. [...] No lo he hecho con una doble moral, simplemente lo he hecho con buena intención, con corazón y con arte, mucho arte".

Sustituye la palabra autobús por carnaval de Gran Canaria y tienes las declaraciones de Drag Sethlas, el otro foco de la polémica durante esta semana. Observando la diferencia de trato ante ambas situaciones, tanto por la prensa como por la casta política, uno puede sacar muchas conclusiones, pero eso daría para muchas entradas y esa comparativa no es el punto que quiero tratar aquí (¿habrá campaña en Twitter con el hashtag #carnavaldelodio pidiendo su cancelación?).

Por otra parte, estando en las antípodas de apreciar como arte la actuación de Drag Sethlas y pudiéndome sentir triste u ofendido por ella, sus palabras contienen un par de verdades y entre ellas la siguiente: la libertad de expresión es algo fundamental. Partiendo de esa base, que no por casualidad es uno de los principios básicos de toda sociedad libre, sería impropio tratar de impedir la circulación del autobús. Pero así ha sido.

¿Hay de verdad odio en decir que los niños tienen pene y las niñas vulva? ¿Hay insultos, discriminación, la imposición de una idea? Valorar censurar algo porque hiera sensibilidades es tan relativo que bien pronto podría volverse en contra de cualquiera, incluso de los que jalean el bloqueo del autobús. Apoyarse en la ley para destruir el debate nos precipita hacia el pensamiento único, hacia un estado de cosas en el que la policía del pensamiento de la que hablara Orwell - y que carroñea tan a gusto a lo largo y ancho de Twitter - nos dice qué podemos pensar y qué no. La guerra es la paz, la ignorancia es la fuerza, la libertad es el odio.

Vivimos en una sociedad que con todos sus defectos se declara democrática y plural. Podemos cuestionar el mensaje del autobús por considerarlo falso o inexacto. Podemos poner en tela de juicio la idoneidad de la iniciativa aun compartiendo o no su cuestión de fondo. Podemos valorar los límites en los que se enmarca la libertad de expresión, que los tiene. Podemos hablar - y debemos hacerlo - sobre lo que supone la adopción de la ideología de género en todos los planos de la sociedad, sobre si un niño de 4 años puede saber que se siente una niña, sobre si los colegios deben enseñar los principios de esta ideología en contra de la voluntad de los padres. Pero sobre todo debemos hablar seriamente de una vez sobre si la teoría de género está fundamentada en la verdad del ser humano.

Ese es el debate que hay que dar, fuera de sentimentalismos o intereses políticos y económicos. Como sociedad debemos dejar de permanecer pasivos e informarnos de lo que implica esta perspectiva de género y de su fundamento científico, si es que lo tiene. Debemos hablar de la realidad de las cosas y defender el derecho a expresarnos libre y pacíficamente. No podemos rehuir ciertos temas porque puedan ofender. No es deseable una sociedad en la que uno pueda tener miedo a escribir entradas como esta porque sea incómoda u opuesta al pensamiento dominante. Es nuestro derecho, el precio a veces incómodo o amargo de la libertad. El derecho que Niemöller dejó pasar.

En el año 1937, Niemöller y los demás pastores arrestados estaban solos, pues la gran mayoría de las iglesias protestantes se habían rendido al gobierno. Niemöller no salió en libertad hasta la derrota de Alemania en 1945. Dijo entonces: 
"No podemos negar [la necesidad de expiación] con la excusa de que ‘me habrían matado si hiciera algo’. "Preferíamos mantener silencio. Claramente no somos inocentes y me pregunto una y otra vez: ¿qué habría pasado si en el año 1933 ó 1934, 14,000 pastores protestantes y todas las comunidades protestantes de Alemania hubieran defendido la verdad hasta la muerte? Si hubiéramos dicho: ‘No es correcto que Hermann Göring simplemente meta en campos de concentración a 100.000 comunistas para que mueran’. Puedo imaginar que tal vez 30.000 ó 40.000 cristianos protestantes habrían muerto, pero también puedo imaginar que habríamos salvado a 30 ó 40 millones de personas, porque eso es lo que [el silencio nos costó]"


2 comentarios:

  1. Creo que sí, hay que exigir el respeto a todas las opiniones, incluso a las nuestras. Creo recordar que es una de las bases democráticas.

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  2. El otro día en la guardería a mi hijo mayor le enseñaron a distinguir niños de niñas. Yo me pregunto, no hay odio en esa sexista distinción? Do de estaban los aferramos de la libertad y la tolerancia para clausurar esa guardería y meter entre rejas a esa transmofoba profe?

    ResponderEliminar

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